miércoles, 28 de junio de 2017

NARCISISTAS QUE SEDUCEN A EXTRANJEROS Y LOS UTILIZAN COMO TESTAFERROS




Hace más de dos años, en el marco de un Congreso sobre Meditación en el Centro Teresiano Sanjuanista de Ávila, mantuve una conversación con psiquiatras, monjes y psicólogos en la que hablé de un tema que resultó muy polémico: La existencia de personalidades maléficas (antisociales) que no cambian por más que las condiciones ambientales sean favorables. 

En aquel entonces, aún lo recuerdo como si fuera ayer, hice mención a un libro en el que el psiquiatra suizo C. G. Jung expresaba cómo ciertos niños con comportamientos antisociales, llevados a un ambiente positivo y amoroso, en lugar de cambiar y hacerse mejores, se neurotizan. En aquel momento, como ahora, no recordaba la referencia exacta, pero estaba -y estoy- seguro de su existencia, probablemente en el libro Los complejos y el inconsciente.

Recibí críticas terribles por plantear algo así, en especial por parte de una psicóloga. Como no recordaba la cita exacta aprovechó para intentar echar por tierra todo mi planteamiento por considerarlo "poco científico". Y los monjes, para mi asombro, le apoyaron en su actitud de descrédito. Desde luego, en aquel momento, dada la perplejidad de algunos ante mis declaraciones y la hostilidad de otros, no pude responder nada ante los "ataques" que recibí. Además, desconocía toda la investigación que hay alrededor de los trastornos narcisistas, antisociales y psicopáticos, que hoy sí conozco. Resulta que, expertos en psicopatía y narcisismo como Robert Hare o Sam Vaknin en Estados Unidos, o Iñaki Piñuel en España, por mencionar solo algunos de los más conspicuos, expresan en sus textos y vídeos exactamente lo mismo que dije en aquella conversación en la que me trataron de "aguafiestas" y de "poco científico".

Esta experiencia de descrédito por parte de profesionales de la salud mental no resulta extraña a quienes han intentado presentar a un público no especializado en los trastornos narcisistas, antisociales y psicopáticos el resultado de sus investigaciones y práctica clínica. El mismo Robert Hare relata en su libro Sin conciencia  una experiencia similar, que paso a reproducir a continuación:

Hace varios años dos estudiantes de posgrado y yo entregamos un artículo a una revis-ta académica. El artículo describía un experimento en el que se había usado un regis-tro biomédico para controlar la actividad eléctrica del cerebro de varios grupos de hombres adultosmientras llevaban a cabo tareas lingüísticas. Registramos esta actividad en hojas de papelcuadriculado y recogimos una serie de ondas, lo que se denomina en ter-minología médica un electroencefalograma (EEG).
El editor nos devolvió el artículo negándose a publicarlo. La razón, según nos dijo, era:

«Francamente, hemos encontrado que algunas de las pautas delas ondas cerebrales descritas en este artículo son muy raras. Estos EEG no pueden proceder de personas reales».

Es verdad que algunos de nuestros registros de ondas cerebrales eran extraños, pero
nolos habíamos obtenido de alienígenas y, por supuesto, no nos los habíamos inventa-do. Los obtuvimos de una clase de sujetos que se pueden encontrar en toda raza, cul-tura, sociedad y estilo de vida. Todo el mundo ha conocido a uno de ello, ha sido enga-ñado o manipuladopor ellos, se ha visto forzado a vivir con ellos o a reparar el daño 
que  han producido. Esos sujetos, a menudo encantadores (aunque siempre de manera letal), tienen un nombre clínico: psicópatas. Su sello es una impresionante falta de con-ciencia; su juego es la autogratificación a expensas de la otra persona. Muchos pasan 
algún tiempo en la cárcel, pero muchos otros no. Todos toman más de lo que dan."

Desde un punto de vista junguiano esto se debe a que existe una enorme dificultad en el hombre occidental a la hora de identificar y reconocer la sombra que forma parte, no ya de la psique individual, sino incluso en la imagen de Dios, esto es, en el arquetipo del Self. Nos resulta especialmente difícil de concebir que el mal exista, que dicho mal se exprese en determinadas personalidades y, sobre todo, que el mal forme parte de la propia estructura psíquica del ser humano. 

Pero lo cierto es que los psicópatas y narcisistas malignos se caracterizan precisamente por su inmoralidad en el modo de comportarse. No sienten ninguna culpa, ni remordimiento alguno por lo que hacen; son mentirosos y manipuladores, deshonestos, explotadores y parásitos en sus relaciones; inteligentes y seductores, sin embargo se caracterizan por la superficialidad, la insensibilidad y la frialdad propia de un depredador de sangre fría. De hecho, parece que presentan un patrón de activación cerebral anómalo, con el núcleo accumbens, el área que se activa cuando se busca una recompensa, hiperactivado en los psicópatas, con un aumento del neurotransmisor dopamina. Además, el cerebro presenta anomalías al tener reducida las conexiones entre la corteza prefrontal ventromedial y la amígdala, áreas que se activan cuando se presentan sentimientos de culpa y empatía. Los narcisistas y psicópatas no aprenden de la experiencia y, por tanto, cometen innumerables errores de juicio; son egocéntricos e incapaces de reaccionar emocionalmente ante el sufrimiento de los demás. 

Resulta sorprendente la unanimidad de todos los expertos en lo referente a la posibilidad de cambiar: los psicópatas y los narcisistas malignos NO cambian, porque no tienen conciencia de enfermedad. Son siempre los "otros" quienes tienen problemas; los "demás" son los trastornados o los enfermos. De ahí que en la personalidad psicopática se presente de un modo comórbido la paranoia. 

Desde un punto de vista religioso o espiritual podríamos decir que estas personalidades son una manifestación del mal, el modo en que el diablo cristiano opera a su través. En otras palabras, son la expresión palmaria de la enfermedad que carcome las entrañas de las sociedades occidentales contemporáneas: la ausencia de una relación viva con lo numinoso, la falta de apertura a las dimensiones "transpersonales" de la personalidad, el endiosamiento del sujeto. 

La extensión del problema del mal en la psicopatía y el narcisismo resulta preocupante dado que parece anunciar la gravísima situación en la que nos encontramos como humanidad. Recuerda, por cierto, a los peores momentos de la historia, cuando emergió el símbolo de Cristo que vino a compensar una situación de hybris personificada por emperadores romanos como Calígula o Nerón. 

Dicho esto, en este ensayo que hoy publico en Psicología Profunda y Espiritualidad, quería dejar constancia de un fenómeno que vengo observando desde hace años, pero que con la extensión de las redes sociales se está convirtiendo en viral. Se trata de las relaciones con narcisistas o psicópatas extranjeros.

Cada vez más narcisistas (hombres y mujeres) se sirven de las redes sociales (o, en su defecto, de agencias matrimoniales) para buscar un perfil adecuado a sus maquiavélicas maquinaciones. 

Su modus operandi se inicia a través  del contacto con mujeres u hombres extranjeros tras estudiar bien los perfiles de las personas que se convertirán en sus próximas víctimas. Los seducen con un love bombing (bombardeo amoroso) apabullante a través de redes sociales como Facebook, Badoo o Tinder. Cuando la víctima ha sido seducida, el psicópata rápidamente busca tener una cita. Debemos tener siempre muy claro que el narcisista/psicópata ejerce su manipulación a través del contacto directo, en donde son muy diestros en el engaño, el fraude y el lavado de cerebro. Si el/la narcisista es la extranjera que reside en otro país entonces quedará con su víctima para terminar de seducirlo convenientemente.  Si, por el contrario, el narcisista reside en su país de origen y contacta con una víctima extranjera, pueden comprar un billete de avión e invitarles a que pasen unos días con el / la narcisista. La estancia puede alargarse hasta una semana o incluso más, en donde el / la narcisista agasaja a su víctima dándole lo que ella más anhela y/o necesita. Cuando la víctima del narcisista ha caído en la tela de araña de mentiras que ha creado expresamente para que se enamore de el /la narcisista, entonces comienza la siguiente fase. 

Esta etapa se caracteriza por formalizar la relación con el/la extranjera. Puede producirse al revés, y ser la extranjera en otro país, en donde apenas se la conoce y no se dispone de acceso a referencias por personas allegadas, la que cree la tela de araña y atrape a la pobre víctima oriunda de su país. Sea como fuere, esta formalización puede consistir en un matrimonio por lo civil, por ejemplo, que permita legalizar la situación y así atraer a la víctima del / la narcisista hacia sus dominios. Si la potencial víctima se da cuenta del engaño y lo hace patente es frecuente que el/la narcisista, al sentirse descubierto/a, reaccione con una ira terrible.

Una vez formalizada la relación, con luna de miel incluida, comienza la pesadilla de la persona que ha sido estafada, embaucada y engañada por el narcisista o psicópata adaptado. Comienzan a utilizar a su nueva pareja como testaferro para todas sus maquinaciones; empiezan, también, los malos tratos psíquicos, el cold shoulder (indiferencia y frialdad), las vejaciones, el gashliting o ataque a la percepción de su pareja /víctima, etc. Para una mejor comprensión de estos conceptos recomendamos la lectura de nuestro anterior ensayo: Relaciones Tóxicas. Narcisistas y psicópatas.

Sin que la víctima se dé cuenta de lo que está sucediendo, queda atrapada en una maraña de embustes y maquinaciones o manipulaciones del / la narcisista; engañada y estafada, la víctima termina por enfrentarse a una situación legal terrible, porque el narcisista ha utilizado a su víctima como testaferro para numerosas actividades financieras y económicas que ponen a la víctima en una situación de ilegalidad e, incluso, de criminalidad. 

La situación de indefensión de la víctima es real y no ficticia. Además de desconocer todos los fraudes que el narcisista realiza escudándose en la identidad de su víctima, desconoce también el idioma y/ o las leyes del país en el que ahora reside. Y los organismos gubernamentales y las entidades financieras persiguen a la víctima del narcisista con todo el peso de la Ley, a la que consideran una delincuente, enjuiciando a una persona cuya única culpa fue haberse enamorado de la imagen que el narcisista había forjado con la información que ha obtenido de ella /él. 

Si sospechas que algo así puede estar sucediéndote busca ayuda terapéutica y jurídica lo antes posible. Si lo estimas necesario y conveniente puedes escribirme un correo privado. La situación puede empeorar hasta convertirse en un infierno del que resulta muy difícil salir sin ayuda.